Este es el ayuno que yo amo -oráculo del Señor-: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos;
compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.
Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar; delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: “¡Aquí estoy!”. Isaías 58,1-9a.

Hermosas palabras del profeta Isaias la cuál anuncia un mensaje que sale de la boca de Dios. Esta nos invita a colocar nuestra vida en sintonía con lo que desea Dios, su propia voluntad. Y detrás de estas palabras podemos descubrir a un Dios con un corazón inmensamente sensibilizado y cercano al dolor humano. Un Dios que no queda indiferente a esas realidades y aligera las cargas y presiones entre las relaciones de aquellos que en la religiosidad se sienten que tienen a Dios en el corazón con aquellos que son receptores de lo que estas personas brindan. Es una llamada de atención para nosotros lo bautizados, que formamos parte del Pueblo de Dios. Debemos dejar de ser un pesado yugo en las vidas de quienes se nos acercan para conocer a un poco de ese Dios que es amor, libertad, sanación y bondad. Ayunemos de esos antiguos pensamientos que imponía una relación de sometimiento entre un Dios que nos quiere esclavos indignos por los pecados, cuando en verdad Jesús en el evangelio nos trae la hermosa noticia de que somos hijo de un Dios que es Padre (Abba) y que es AMOR que viven en la plena libertad de los hijos de Dios. Dejar de ser también rigurosos con nosotros mismos. Cuantas cosas que pesan sobre nuestras conciencias que no nos perdonamos. Culpas heredadas de nuestros padres, etc… y por otro lado tenemos a un Dios que nos dice, ey!!! Te perdono, ¿quién te juzga? ¿Quien te condena?. Todo esto lo sentimos si aprendemos a tener una hermosa relación de comunión con el amado Esposo, que nos invita a vivir alegres porque siempre estará con nosotros por el resto de la eternidad. Que así sea.