El peor reino dividido es aquel que se produce dentro de la vida de cada uno. Esos conflictos internos que se sucede dentro de la cabeza provocan enfrentamientos bélicos con lo que se genera desde el corazón. En el evangelio de hoy Jesús nos asegura que “Satanás se dividió, levantándose contra sí mismo, ya no puede subsistir, sino que ha llegado a su fin.” Marcos 3,22-30. Pero cuando le damos permiso al ego y que este domine en aquel lugar en donde le corresponde reinar el amor de Dios, en ese conflicto Dios no puede hacer mucho, porque el ego es una elección nuestra, una forma de vivir, una decisión personal. Y elegir al ego nos abstenemos a los resultados de los presuntos éxitos como también de las inevitables consecuencias. Mientras que la cabeza dominada por el ego siempre quiere dividir para reinar, tener la razón o la última palabra. También quiere ejercer una visible victimización cuando sus planes fueron frustrados. En definitiva el ego quiere ser nuestro dios. Dios tiene su trono en el corazón del hombre, desde ahí se despliega el amor. El amor siempre quiere reinar trayendo luz y paz desde a dentro del alma queriendo irradiarse por todo el perímetro de nuestra vida. Solo con la oración podemos ayudar al amor que brota del corazón en vencer lo que se genera en la cabeza y permitir que el Reino de Dios triunfe y se expanda, en nuestro perímetro, en la vida cotidiana y en toda la tierra. Que así sea.