En esta vida desde que nacemos hasta nuestro último aliento tenemos la oportunidad de encontrarnos con Dios. Él se nos da a conocer constantemente en cada pulsaciones de nuestro corazón. Se manifiesta en cada suspiro, en cada paso que damos, en todo. Se nos puede manifestar de manera natural, ordinaria y/o extraordinaria, o quizás tan solo en una simple brisa en el alma. En situaciones buenas o adversas. En todo Dios se manifiesta. Pedro conoce al verdadero Dios en Jesús después de haber fracasado en una velada y frustrante pezca, y en ese fracaso el Señor le dice “ven y sígueme”. Pedro experimenta al Dios con nosotros en la enfermedad de su suegra que padecía de una fiebre fulminante. Pedro experimenta un encuentro con Dios en el medio de una tormenta, inundado de miedo y confusión. También lo reconoce cuando es reprendido por Dios cuando le dice Jesús «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!>> porque estorbaba en los planes de la salvación. Pedro reconoció al Dios de la misericordia cuando después de haber cantado el gallo , él ya lo había negado tres veces. Creyó en el Dios de la Vida eterna cuando encuentra vacío sepulcro de aquel que había sido flagelado, crucificado y muerto en la cruz. Confirma su fe y amor cuando el Resucitado (después del pecado de la negación) le pregunta sentimentalmente ¿Pedro, me amas?
Hoy de la misma manera, Dios nos pregunta a cada uno de nosotros , en todo lo que vivimos tanto en las buenas y en la malas, para vos/para mi: ¿Quién soy yo?.
De aquí en a delante te dejo estos puntos suspensivos para que continúes con esta meditación en tu corazón respondiéndole en la oración silenciosa lo que hoy Dios nos pregunta… . Que así sea