“Sicarios en las redes sociales“. Así se titulaba una una meditación que escuché de una persona que predica muy bien la Palabra de Dios. Cuantos de nosotros que seguimos a Dios, anunciamos su palabra, queremos dar testimonio de su amor, rezamos de el Rosario de rodillas, no faltamos nunca a misa, somos ultra ortodoxo en cuestiones de religión, pero en nuestro estado de WhatsApp, Instagram, Facebook o Tuiter nos convertimos en terroristas atentando de manera “sicaria” en la vida del aquel que me hizo algo, molesta o sencillamente no nos quiere o directamente no los queremos. Hacemos de nuestros estados cañones “tira misiles” hacia quienes se colocan en el listado de los “enemigos”. Indirectas con sabor a “catarsis”. Victimizaciones vánales y egocéntricas queriéndose convertirse autos superhéroes se sus propios destinos, lejos del mensaje evangélico de amor y misericordia. Hoy todos recibimos nuevamente este mandato “Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores; así serán hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos. Es muy sencillo y claro el mensaje, los hijos de Dios no tiramos ningún tipo de mensajes en contra de nadie, todo se lo dejamos en manos de Dios y que él se ocupe de lo que a nosotros nos molesta. Y del otro que nos molesta tanto, deberíamos primero preguntarnos a nosotros mismos ¿que veo en el otro de mi que al verme reflejado me molesta tanto? Que así sea