Hay una hermosa serie llamada dr. House. La misma trata de un médico lisiado en unas de sus piernas a raíz de la secuela de una enfermedad y de una operación riesgosa. También sufre de una terrible adicción al Vicodín (droga derivada del opioide), esta genera un efecto con el fin de paliar su dolor. El dr. House junto a su equipo se dedica a diagnosticar y tratar aquellas enfermedades que cualquier médico no puede descubrir. Con un carácter arrogante y una personalidad abandónica, este doctor se dedica a salvar las vidas a sus pacientes, mientras que la suya se va deteriorando. Pensaba mientras que meditaba el evangelio de hoy, que nosotros somos los enfermos y pacientes de Dios. Vamos a la Iglesia a querer ser sanados por la medicina que nos da Dios. Pero Dios nos envía médicos y estos a veces pueden ser grandes “profesionales de la fe” pero no quita de que estén viviendo y padeciendo sus propias enfermedades y sus propias luchas para tratarlas y vencerlas. Podemos toparnos con algún medico enfermo, doliente, sufriente, y de muy mal carácter, pero que está dispuesto a dar toda su vida en diagnosticarnos, tratarnos y curarnos con la medicina que nos provee Dios en su Palabra y en los sacramentos. Hoy Jesús nos dice “no se guíen por sus obras” pero… “hagan y cumplan todo lo que ellos les digan”. Nos dice esto porque quizás el médico esté enfermo, pero nada quita de que Dios obre a través de él. Danos Señor tu Espíritu y que nos enseñe a discernir lo bueno y lo malo. Elegir lo bueno para vivir en la verdad, practicando la justicia y buscando la paz. No permitas que nos contaminamos con doctrinas tóxica que nos enferma nuestra relación con Vos y peor aún, nos aleja de nuestros vínculos familiares y amistades. Que así sea.