En este Camino al Cielo, suelen presentarse distintas complicaciones que a veces le ponemos por nombre “problemas”. Están las que llamamos tormentas, otras la representamos como piedra u obstáculos en el camino, en fin, cada uno le pondrá a sus problemas la representación que más le quede identificada al que lo padece. Quién de nosotros cuando éramos niños, ante una tormenta en plena noche íbamos a refugiarnos corriendo a la cama de nuestro padres a fin de encontrar en ellos ese lugar seguro en donde nuestros miedos desaparecen, pudiendo encontrar esa paz que nos hacia dormir nuevamente. Hoy podemos sentir que en el evangelio se nos enseña a retomar esta dulce práctica, que cuando algún demonio se nos presente ante algún problema, dificultad, lucha, etc… ir corriendo ante Jesús, ya sea en la oración, en el Sagrario, en la Santa Misa, en la Eucaristía. También porqué no en el sacramento de la Confesión y buscar refugio y en Dios como lo hacíamos cuando éramos niños, diciéndole lo que nos causa temor y no nos deja vivir en paz. Dios a través de su Hijo, desplegará su voz expulsando de nuestro Camino al Cielo a todo aquello que nos impide vivir y continuar caminando en paz y en armonía. Vayamos con confianza a nuestro papá Dios buscando su amor, su ternura, su seguridad, tratando de vivir siempre en su presencia, ya que en él encontraremos Luz y Salvación. Que así sea