Llévame donde los hombres
Necesiten tus palabras
Necesiten mis ganas de vivir
Donde falte la esperanza
Donde falte la alegrĂ­a
Simplemente por no saber de ti

Podemos pensar que el geraseno, despuĂ©s de haber sido exorcizado por el Señor, pronunciĂł estas palabras a JesĂșs. Quiero seguirte, quiero ir con vos a donde sea. Pero el Señor JesĂșs no se lo permitiĂł, sino que le dijo: “Vete a tu casa con tu familia, y anĂșnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”.
El hombre se fue y comenzĂł a proclamar por la regiĂłn de la DecĂĄpolis lo que JesĂșs habĂ­a hecho por Ă©l, y todos quedaban admirados.
Muchas veces despuĂ©s de haber experimentado el amor de Dios, y ser conquistado por Ă©l, tenemos la necesidad de salir corriendo a anunciarlo a todo el mundo. Queremos misiones riesgosas y peligrosas, hasta quizĂĄs morir por Ă©l si es que fuera necesario. Pero quizĂĄs a la mayorĂ­a de todos nosotros JesĂșs nos envĂ­a a anunciarlo en aquel lugar mĂĄs inhĂłspito de la vida, LA FAMILIA. Vaya que es un gran desafĂ­o proclamar su palabra a Dios en aquel lugar en donde nos veĂ­an como un “demonio”. QuiĂ©nes mejor que nuestras familias saben quienes somos porque nos vieron crecer. Sumado que a veces los roces de convivencia potencian ciertos malos sabores que provocan distancias. Cuantas familias que por malos entendidos sus integrantes se distanciaron o peor aĂșn surgieron peleas en las cuales derivaron en fracturas o rupturas irremediables como ser divorcios, hijos que se alejan para siempre de sus padres, hermanos que no se hablan o evitan verse las caras. Bueno en esas realidades y en tantas mĂĄs, hoy JesĂșs nos invita “Ve a tu casa con tu familia, y anĂșnciales todo lo que el Señor hizo contigo al compadecerse de ti”. Porque es ahĂ­ en donde Dios te necesita a travĂ©s de tu testimonio sembrar la semilla del Reino, es ahĂ­ en donde Dios quiere que lo sigas, es ahĂ­ en donde Dios quiere hacer nacer su Iglesia. Que asĂ­ sea.