Te pedimos hoy Señor que la palabra pronunciada de tus labios “Efatá”, llegue a nuestras vidas y nos sane. Sane aquella ceguera de la cuál nos permite ver los defectos del hermano pero no los nuestros. Hazno ciegos para no ver los defectos del prójimo y evitar juicios y condenas por parte nuestra. Que sane esa sordera que nos impide saber escuchar al hermano necesitado, pero si permite escuchar con atención y placer cuando nos hablan mal de los demás. Sananos porque a veces somos mudos para proclamarte, para anunciar la verdad, para enaltecer aquel que a veces se encuentra por el piso, porque la vida no lo trata muy bien. Pero haznos mudo para cuando sale de la boca palabras, ideas, opiniones o críticas que tienen su origen en el ego. Y una vez que estemos sanados te pedimos Señor que al abrir nuestros ojos te veamos en todo a ti. Cuando se nos abran los oídos del corazón que podamos escuchar tu dulce vos que nos habla en el idioma del amor. Y que cuando se suelte la lengua podamos callar lo impuro de todo aquello que sale del corazón, pero también podamos proclamar a viva vos todo lo que hemos visto y oído de ti. Que así sea.