La tormenta perfecta y el precio del rescate

¿Cuál fue tu perfecta tormenta? Digo así en relación al conjunto de vientos, truenos, relámpagos, lluvia, granizo y demás estragos que te hicieron caer de rodillas, quedarte sin nada (material, afectivo, físico, psicológico o espiritual). Quizás sacudidas de distintos frentes en el cual te viste doblegado, quebrado, quizás “arrancado o desgarrado” desde tu propia raíz. Un fracaso matrimonial, la muerte de un ser querido, un error que pagaste muy caro, o quizás otros tormentos que solo vos y Dios lo saben.
¿Pudiste salir de esa tormenta? ¿Has podido ver la mano de Dios que caminando sobre el agua vino para rescatarte? Creo que si hoy estas caminando bajo la suave brisa del viento, con un hermoso sol que ilumina hasta tu alma, sobre la orilla del mar, es porque hubo alguien que pagó un alto precio por vos, por mi y por todos. Jamás te tomes la tormenta como un castigo, sino como parte de este tránsito por la vida. Ningún marinero llega a ser capitán sin antes haber pasado por la experiencia de alguna tormenta. No hace mucho, un jugador argentino de futbol llamado Emiliano Salas viajaba en un avión particular desde Francia hacia Gales para incorporarse al Cardiff City. Atravesando el Canal de la Mancha se desató una terrible tormenta, sumado a la mala condición de la aeronave y a la inexperiencia del piloto
David Ibbotson, tuviera como desenlace la trágica muerte de ambos.
Por eso reafirmo que las tormentas nos hacen fuertes y estas nos darán la basta experiencia para saber entrar o no en nuevas tormentas, o quizás darnos cuenta si estamos en condiciones de meternos o no. Saber cuando salir para no meternos o mejor quedarnos quietos y saber refugiarnos mientras pasa la inclemencia. Las tormentas nos enseñan a ser más fuertes, porque de ellas obtenemos fortaleza espiritual, ya que a veces para mantenernos a flote usamos la fuerza de nuestros brazos, y nos terminamos hundiendo. Es ahí cuando aprendemos a utilizar la fuerza del espíritu en la cual aclamamos desesperadamente: “Señor Sálvame”. Y desde ahí se despliega una fuerza desconocida que nace desde el alma y esa mano de Dios que nos saca a flote. Por eso hermano/a mío, si estás atravesando una peligrosa tormenta, aferrarte urgentemente a Dios, activa la palanca de emergencia llamada

ORACIÓN. Refugiarte y aferrarte en los salvavidas llamados SACRAMENTOS, en especial la Eucaristía ya que en el pan y vino se encuentra el cuerpo y la sangre de Quien se ofreció y se ofrece cada día y a cada instante en dar la vida para nuestro rescate. Que así sea

Daniel Rivas