S. Romano, abad

Ermitaño del siglo V, viajó al macizo del Jura en Francia con su Biblia y herramientas en su espalda. Alcanzado por su hermano Lupicino, dio vida en Condat a su primera comunidad monástica. Dócil y tolerante, la tradición lo recuerda por el abrazo y la milagrosa sanación de dos pobres leprosos.